Las etapas se organizan en cursos que hay que ir superando.

Según este tópico los ciclos no existen o no son una herramienta útil para organizar la etapa. Se supone que los contenidos para cada curso están claramente ordenados y, si no se superan, es preciso detener el proceso e insistir en las deficiencias.

Esta idea supone la no existencia del equipo de profesorado que interviene en un mismo grupo, pues cada quien es responsable únicamente de su área y durante un año.

Es significativo que el anteproyecto de Ley de Calidad sólo nombre ciclos cuando quiere definir el primer ciclo de Educación Infantil con carácter asistencial y vuelva a la tradicional consideración de asignaturas.

La realidad que hemos vivido durante los últimos años indica que ordenar el currículo en áreas y la escolarización en etapas y ciclos han supuesto una definición más flexible del sistema educativo.

La organización del sistema educativo en etapas obligatorias y no obligatorias ha aportado claridad a la oferta educativa: ha supuesto una definición de las singularidades de cada período y ha subrayado las características que las definían. Por ejemplo el carácter preventivo de Educación Infantil, el valor de los aprendizajes instrumentales en Educación Primaria, la extensión de la oferta hasta los 16 años y la comprensividad en Educación Secundaria, etc.

La organización de cada etapa en dos o tres ciclos ha obligado al profesorado a intervenir educativamente con una perspectiva de espacio y tiempo, a asumir la responsabilidad de los procesos y no sólo de los resultados, a trabajar en equipo y reivindicar la estabilidad que asegure una oferta consistente al alumnado. Organizarse en ciclos obliga a consensos respecto a la organización de los contenidos, facilita el trabajo a partir de proyectos que pueden realizarse con flexibilidad de calendario (flexibilidad, no improvisación) y favorece las intervenciones coordinadas y coherentes de diferentes profesoras y profesores.

Organizar la enseñanza por medio de etapas y ciclos obliga a replantearse la presencia del profesorado especialista, que puede pasar a formar parte de un equipo aunque no intervenga directamente con el alumnado. En Educación Secundaria es preciso superar la ruptura entre los dos ciclos así como incorporar a cada uno de ellos las experiencias organizativas que más faciliten la respuesta a la diversidad y la superación de desigualdades.